¿Dieta o educación alimentaria?

¿Dieta o educación alimentaria? Aprende a comer sin restricciones

La mayoría de las personas ha realizado alguna vez una dieta a lo largo de su vida. Sin embargo, solo escuchar la palabra “dieta” suele asociarse a restricción, pasar hambre o eliminar alimentos como el arroz, la pasta o el pan, y casi siempre se vincula erróneamente con el objetivo de adelgazar. Esta percepción es un error. Una dieta es, en realidad, una forma de regular qué comemos y en qué cantidades para cubrir todas nuestras necesidades nutricionales, y no tiene por qué tener como finalidad la pérdida de peso.

La alimentación puede modificarse en función del objetivo que se quiera conseguir. Hay personas que buscan perder peso, otras aumentar masa corporal, mejorar su estado de salud, combatir alguna patología, mejorar el rendimiento deportivo o simplemente aprender a comer mejor. En todos estos casos se puede hablar de dieta, aunque el término educación alimentaria resulta más acertado, ya que tiene un menor impacto psicológico y cambia por completo la percepción de su significado.

Claves para una buena educación alimentaria

Para llevar a cabo una correcta educación alimentaria es fundamental tener en cuenta factores individuales como el sexo, la edad, el peso, la altura, los datos antropométricos, la religión y, sobre todo, el objetivo que se quiere alcanzar. En cualquier caso, nunca se debe restringir ningún alimento, salvo por prescripción médica o en situaciones concretas como patologías, alergias o intolerancias.

Una alimentación bien planteada nunca debe provocar hambre. Al contrario, es habitual que aparezcan momentos en los que no apetezca comer o no exista sensación de apetito. Esto ocurre cuando la alimentación está bien organizada, por ejemplo, distribuyendo la ingesta en cinco comidas diarias y ajustando las cantidades a las necesidades reales del cuerpo. De esta forma disminuye la ansiedad y aumenta la sensación de saciedad.

La dieta como combinación adecuada de nutrientes

Una alimentación saludable se basa en la correcta combinación de los nutrientes. Nunca se deben eliminar los hidratos de carbono, ya que son el principal combustible que el cuerpo necesita para realizar sus funciones vitales, del mismo modo que un coche necesita gasolina para funcionar. Eliminar los hidratos de carbono puede producir una pérdida de peso rápida, pero con un efecto rebote casi asegurado cuando se vuelven a introducir, incluso a través de alimentos tan básicos como la fruta. Este tipo de estrategias solo ofrecen resultados a corto plazo y generan problemas a largo plazo.

Es recomendable que entre el 50 y el 55 % de las calorías diarias procedan principalmente de hidratos de carbono complejos, sin olvidar la importancia de las grasas y las proteínas, que también son esenciales para el correcto funcionamiento del metabolismo.

Una dieta o educación alimentaria no debe basarse únicamente en contar kilocalorías, sino en una correcta distribución de los tres macronutrientes principales —hidratos de carbono, grasas y proteínas— dentro del aporte energético diario. Solo así se pueden alcanzar objetivos como la pérdida o el aumento de peso, la reducción del colesterol o del azúcar en sangre, o la mejora del rendimiento deportivo de una forma saludable y sostenible.

Durante el proceso de educación alimentaria es fundamental aprender a combinar los alimentos y a ajustar las cantidades, hasta que estos hábitos se integren de forma natural en el día a día y no sea necesario pensar constantemente en ellos.

Ahora la pregunta es clara: ¿prefieres seguir haciendo dietas o apostar por una verdadera educación alimentaria?